Sucursal Bancaria

Cuando cierran tu sucursal bancaria de toda la vida.

Cualquiera de nosotros tiene una sucursal bancaria como parte importante de su vida. El lugar donde abristes tu primera libreta, donde aprendistes a ahorrar tus primeras “pesetillas”, o pedistes tu primera hipoteca. Sin duda, la oficina de tu pueblo, de tu barrio, ha sido una parte de tu vida.

En una sucursal bancaria los empleados, el director y el cajero de tu oficina son casi de la familia. Te has confesado con ellos varias veces y te han aconsejado y orientado la mejor forma de hacer esa inversión, o depositar tu dinero de la manera más segura. Siempre bajo su buen criterio y profesionalidad.

Conoces a los empleados desde pequeños, dónde viven, su familia e incluso sus hijos que comparten clase con los tuyos. Sin duda han sido y son parte de vida.

CONFIANZA

La CONFIANZA, es la palabra clave por la que los vecinos del barrio o del pueblo van a esa sucursal bancaria. Personas con formación, que saben de ti y los tuyos, que conocen perfectamente tus problemas económicos y tu seriedad y responsabilidad para atender a tu palabra.

PALABRA

Palabra, que tanto se pide y que tan poco se da.

Ahora las entidades financieras gastan millones en publicidad, para aparentar cercanía, conseguir la confianza perdida durante años con innumerables escándalos (y los que no sepamos). A cambio , despiden a ese amigo que siempre te ha atendido en tu sucursal, cierran la oficina y en el mejor de los casos mantienen un frío cajero automático.

Gastan millones en publicidad y quieren recuperarlos, con creces. Reduciendo costes e incrementando las comisiones, engañando en los productos y chantajeando cada vez que necesitas algo. Son pirañas alentadas y auspiciadas por el Estado, porque se han convertido en los chivatos de Hacienda.

No les importa a dónde les lleve su avaricia, porque las consecuencias siempre serán menores que los beneficios. Si quiebran tú y los demás currantes, con nuestros impuestos, ayudamos a salvarlos. Dinero que , por arte de magia, NUNCA se recupera.

Empleado Banca
En una sucursal bancaria los empleados, el director y el cajero de tu oficina son casi de la familia. Te has confesado con ellos varias veces y te han aconsejado y orientado la mejor forma de hacer esa inversión, o depositar tu dinero de la manera más segura. Siempre bajo su buen criterio y profesionalidad.

AVARICIA

Avaricia que no comprende ni entiende de la situación de cada persona. Todos, tarde o temprano, tendremos un bache. Simplemente te embargan, te desahucian, te ponen en las listas negras para que no levantes cabeza NUNCA y…. “a otra cosa mariposa”.

Últimamente están de “moda” las fusiones. Según ellos se gana rentabilidad, eficiencia y “sinergias”. Eufemismos para decir que van a ganar más que antes a costa de miles de familias porque, cuando se cierra una sucursal, se pierden los puestos de los que allí trabajan todos los días. Pierden su puesto el personal de limpieza, los “pistoleros” que llevan y traen el dinero, el técnico de mantenimiento….

El cierre de una sucursal bancaria implica que los clientes estén desamparados. Sobre todo las personas mayores que les cuesta trabajo entender y manejar las nuevas tecnologías. Te obligan a utilizar medios digitales, a entrar en su “red” y perder tu libertad. Libertad que te permite elegir qué quieres hacer con tu dinero.

MONOPOLIO

Sólo buscan el beneficio sobre el algo que controlan y tienen el MONOPOLIO. El monopolio del dinero. Ellos dan y quitan bajo su criterio, sin dar explicaciones. Simplemente “esto es lo que hay”, con la diferencia que, cada vez menos, hay otras puertas a las que llamar. El sector ha pasado de existir 55 entidades a 11, y según parece, al final llegará a 4-5 entidades.

Los medios no dicen nada, porque simplemente están comprados, la publicidad e ingresos que proporciona la banca en sus periódicos digitales es tan suculenta que decir algo que les contraiga significa perder millones de euros. Por no decir que les pueden cortar la financiación cuando se les antoje. Y es legal, pero no moral.

Accionistas, reguladores y directivos del sistema bancario. A todos vosotros os digo; seguid así, creando “sinergias”. Ojalá os gastéis esas sinergias en “medicinas”, y de las caras.

Dicho queda, hijos de la gran puta.

 

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